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Una vez emprendedor, siempre emprendedor

No les voy a contar esa historia de cómo desde niña siempre supe que quería emprender, porque estaría mintiendo. No tengo una historia que relate que salía a vender limonada para juntar dinero para un juguete nuevo y tampoco recuerdo haber sido la primera en proponer una de entre mis amigas.

Recuerdo, eso sí, que desde niña me gustaba esa sensación de saber que lo que deseaba. De saber que podía ganarme unos pesos haciendo tareas que otros no podían realizar (en aquel entonces, mi ‘profesión’ era dibujar para ilustrar los chismógrafos). Y eso es justo lo que en la actualidad llamo ‘la vena emprendedora’.

“Una vez emprendedor, siempre emprendedor”, le dije a mi socio la última vez que nos reunimos para platicar acerca de cómo iba el negocio.

Y con toda la confianza que nos caracteriza entre nosotros me dijo que no estaba tan seguro, que ya había pensado cuál era el sueldo que alguien (ese alguien imaginario en el que todo emprendedor piensa más de una vez durante el proceso) le tendría que ofrecer para contratarlo y tener un .

De acuerdo. Todo emprendedor tiene ese puesto, ese sueldazo y esa imaginaria oferta laboral vitalicia por la que renunciaría a su sueño de emprender con tal de tener estabilidad financiera por el resto de su vida.

Y hasta ahí llegó la vena emprendedora.

Nada más hay que ofrecerles lo suficiente para que se olviden de su idea de negocio y apliquen sus habilidades en la empresa de alguien más ¿no? Pues no. Porque en este camino de emprender, de , atender a conferencias, tomar clases, compartir chelas o café he aprendido que esos emprendedores asalariados existen y que si bien renunciaron a su sueño de emprender para ellos mismos, la ‘vena emprendedora’ los motiva a asesorar, becar, entrenar, financiar las ideas de otros.

Los vemos en la televisión, los vemos en congresos y conferencias, inspirando a otros. La comunidad emprendedora es así de noble a veces.

es lo que se me viene a la cabeza cuando platicando con otros me encuentro con aquellos que han fracasado más de una vez pero que ahora generan ingresos compartiendo el fracaso, asesorando a otros.

“Pero querías ser emprendedor”, esa frase es lo primero que se me viene a la mente cuando conozco a esos otros que volvieron al porque les llegaron al precio, pero que sienten esta inevitable necesidad de invertir o impulsar a otros emprendedores.

En la vida me he topado con gente que levanta la ceja y no puede asimilar que quiera asumir los riesgos que la vida de emprendedor presenta.

Todos los conocemos: esa sensación de montaña rusa en donde el dinero va y viene, la carga de trabajo también, la emoción de la innovación constante del negocio, la incertidumbre de los planes para el retiro, los (ya hablaremos de eso otro día), los riesgos de vivir en un sistema económico cuya estabilidad no depende enteramente de uno sino de otros.

Pero una vez que asumes el riesgo, no hay vuelta atrás.

“¡Pero querías ser emprendedor!”, le dije a mi socio cuando nos desviamos del tema y empezamos a plantear otras ideas de negocio porque “una vez emprendedor, siempre emprendedor”.

¿O ustedes alguna vez han dejado de buscar nuevas ideas de negocio? Los invito a que me platiquen en . 

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